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sábado, julio 15, 2017

DECONSTRUYENDO EL ATRIO




                                                     DECONSTRUYENDO EL ATRIO

                                                              LUIS LÓPEZ SILGO.
                                                                     Arquitecto

¿POLÉMICA O DEBATE?

Parece poco probable que la polémica (RAE: Arte que enseña los ardides con que se debe ofender
y defender cualquier plaza) sobre el proyecto ganador en el concurso del Atrio de la Alhambra, se
transforme en un verdadero debate (RAE: Discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más
personas), a causa de la polarización ideológica de las dos facciones oponentes. Parte de las
opiniones expresadas públicamente adolecen de esta contaminación, declarándose a favor o en
contra, en función de afinidades doctrinarias o lealtades materiales. A veces incluso reconociendo
no haber visitado la exposición, ni haber visto el proyecto en la web.
Resultaría más beneficioso para el monumento, para el proyecto y para todos los agentes
involucrados, que el debate se centrase en aspectos concretos del concurso y del proyecto, al
margen de aspectos tangenciales, como el indiscutible palmarés del autor o las carencias del
Albaicín. Las reflexiones y los interrogantes que se plantean a continuación, junto con alguna
sugerencia, tratan de contribuir a sopesar y valorar el alcance y la repercusión de las actuaciones.

CONCURSOS Y GALARDONES

El resultado de los concursos de arquitectura depende en buena medida de la correcta formulación
de sus bases. Y en otra gran parte, de la actitud de los jurados y de los participantes frente a las
estipulaciones de aquéllas, adoptando un sentido crítico constructivo, con la intención de corregir
posibles errores o carencias de las bases, para procurar una mejora de las condiciones del
concurso y por lo tanto de sus resultados.
El Ayuntamiento de Granada se propuso –hace ya 40 años-
prolongar la Gran Vía, desde la plaza de Isabel la Católica a la
plaza de la Mariana, atravesando el barrio de San Matías, en una
operación de saneamiento urbano y social que pretendía resolver
los problemas de tráfico y suprimir las actividades de comercio
sexual en la zona. La presión de colectivos profesionales y
vecinales, que se oponían a la destrucción del barrio, obligó a la
convocatoria de un concurso, en el que colaboró el Colegio de
Arquitectos, facilitando información complementaria a la escasa
documentación que había proporcionado el Ayuntamiento. Las
bases del concurso establecían claramente el objetivo de la
prolongación en curva, atravesando el corazón de la ciudad.
Un grupo de compañeros, que habíamos terminado la carrera ese mismo año, preparamos una
propuesta en la que optamos por no prolongar, aportando otras soluciones al tráfico; corriendo el
riesgo de ser descalificados por incumplimiento de las bases. Nuestra sorpresa fue mayúscula
cuando en abril de 1976 se nos comunica que habíamos obtenido el tercer premio del concurso.
Pero aún resultaría más sorprendente que de los 16 proyectos presentados, tan sólo uno había
atendido el requisito de la prolongación, y no había obtenido reconocimiento alguno.
Hace ya largo tiempo que no se produce esta actitud de crítica positiva hacia las regulaciones
básicas de los concursos, por parte de los jurados y de los concursantes. Pienso que esto es
debido a que, en la mayoría de los casos, estos grandes concursos responden a decisiones
políticas; y también porque, sencillamente, una buena parte de los arquitectos (y más aún los
“superstar”) han pasado de tomarse su trabajo con un sentido profesional, a entenderlo más bien
como una actividad comercial; y a veces hasta propagandística, en favor de sus mentores.
Se pretende otorgar carta de infalibilidad al proyecto del Atrio, por el simple hecho de que haya sido
seleccionado por un “jurado de expertos”. Pero entre sus miembros no había una mayoría de
arquitectos y las Bases del concurso, tan sólo exigían que una tercera parte lo fuesen.
Tampoco existe una garantía total de independencia, puesto que a veces, en estos concursos de
máximo nivel, quienes son hoy jurado, mañana son concursantes y viceversa. Constituyen círculos
más bien cerrados, que se apoyan en algunos departamentos de las escuelas de arquitectura y en
las revistas profesionales. Otras veces, las combinaciones de los votos de los arquitectos con los
de los otros miembros, arrojan insólitos resultados. También ellos se pueden equivocar.
Cuando se convocó el concurso del Museo de la Acrópolis en 1989, ya se habían producido otros
dos con anterioridad, dirigidos exclusivamente a arquitectos griegos. Ninguno de los tres llegó a
ejecutarse. Hasta el año 2003 en que dio comienzo la obra con el proyecto de Bernard Tschumi,
que había sido elegido en un cuarto concurso, esta vez realizado por invitación a varios estudios de
nivel internacional. Un ejemplo de que siempre hay tiempo para reflexionar y reconducir los
concursos, hasta estar completamente seguros de que se cumplen las necesidades reales por las
que el certamen ha sido convocado.
Posiblemente unas bases de partida poco adecuadas, junto al conformismo de los técnicos
participantes, ha dirigido al concurso del Atrio de la Alhambra hacia unos resultados que han
generado unas fuertes críticas. Aunque éstas, en su mayoría, carecen de razonamientos y son más
bien de tipo militante, otro tanto sucede con los defensores, que no alcanzan más allá de
manifestar su adhesión inquebrantable al maestro Siza. Unos y otros se acusan de oportunismo
político y en ambos casos tienen razón, sin llegar a darse cuenta de que, en realidad, son las dos
caras de una misma moneda.
Como argumento para acallar las voces disonantes respecto del proyecto, suele hacerse referencia
al autor y sus indiscutibles méritos, lo cual es una perversión del sano debate. No se trata del
individuo ni de sus títulos, que merecen todos los respetos, sino del proyecto galardonado. Al fin y
al cabo no se ha celebrado un concurso de personas, sino de proyectos; y en todas las carreras
existen aciertos y fracasos. Basta echar un vistazo a algunas de las esculturales realizaciones de
Calatrava, muchas veces reñidas con la utilidad; el último y absurdo capricho del maleducado y
soberbio Frank Ghery (viviendas en forma de bolsa de papel arrugada); los desvaríos
megalómanos de Zaha Hadid. Todos ellos muy premiados y todos sus proyectos carísimos.
Parece que Granada no tiene suerte con la obra del arquitecto portugués. El único precedente de
Siza en la ciudad, la casa Zaida, no es precisamente un gran acierto, con esa rendija abierta en la
fachada principal, como los patios-tendedero de los bloques de viviendas baratas de posguerra,
además de incrementar las alturas del edificio preexistente. El hecho de estar en posesión de unos
determinados títulos, no garantiza en absoluto la calidad y la adecuación de los resultados.
Por lo tanto, los proyectos de los arquitectos con premios (ya sean Pritzker, Príncipe de Asturias o
cualquier otro) son tan opinables como los demás y no se pueden contrarrestar las críticas
concretas a un proyecto, alegando los méritos de un premio concedido al autor. Y todos los
ciudadanos –independientemente de sus títulos, sus cargos o su posición social- tienen todo el
derecho a expresar su opinión, ya que los usuarios están incluidos en los criterios de valoración del
patrimonio, determinados por las cartas de restauración y por la política cultural de la Unesco. Y
además, son los que pagan todas las facturas.

CONTRA EL PLAN DIRECTOR

El Plan Director de la Alhambra, en la Línea Estratégica Nº 2”, en referencia al Atrio, establece con
claridad: “Partiendo de las premisas de configuración de un espacio abierto, plenamente adaptado
al entorno, y del respeto a las masas vegetales existentes, se apuesta por una arquitectura de
vanguardia…” Condicionante que recogen literalmente las cláusulas del concurso, en su Base nº 2.
Sin embargo, en los Anexos técnicos se fija el ámbito de la actuación en una zona con una masa
vegetal existente. El emplazamiento elegido para la implantación del Atrio resulta incompatible
con este requisito que impone claramente el Plan Director y recogen las Bases. ¿Cómo es posible
que se delimite un emplazamiento que sitúa la edificación sobre masas vegetales existentes?
El Plan Director es un instrumento que no puede ser modificado por las bases de un concurso, ni
mucho menos (como es el caso) por un anexo técnico del mismo. ¿Es que nadie –ni concursantes,
ni jurado, ni el secretario administrativo- leyó las Bases del concurso o es que han sido pasadas por
alto? Según esto, se habría desarrollado todo el certamen contraviniendo las estipulaciones del
Plan Director y de la propia Base 2, en lo referente a la masa vegetal. ¿No sería condición
suficiente para impugnar y proclamar la nulidad del concurso? ¿Quién decidió esa ubicación?
Resulta escandaloso que una institución pública decida construir sobre una zona, cuya vegetación
ha sido previamente protegida, por un plan que la propia institución ha redactado y aprobado. No
hace mucho tiempo, los tribunales obligaron a la Universidad de Sevilla a la demolición de la
biblioteca, construida en el Prado con proyecto adjudicado por concurso a Zaha Hadid y la
cooperación del Ayuntamiento y la Junta de Andalucía, por ser zona protegida por el Plan General.
Es esta la primera circunstancia que llama la atención: ni el “jurado de expertos”, ni los
concursantes, ni los que se oponen al proyecto, ni los defensores del mismo (que también se
identifican en otros casos como defensores de la naturaleza), ni los grupos ecologistas, ni los
responsables de jardinería de la Alhambra… en fin, nadie ha tenido una sola palabra, un solo
gesto, en defensa del arbolado que el proyecto de Atrio pretende destruir.
Del mismo modo que ahora se requiere una modificación (un traje a medida) del Plan General de la
Ciudad y del Plan Especial de la Alhambra y el Generalife, es de suponer que también habría que
llevar a cabo una modificación del Plan Director, para evitar estas contradicciones. Es lo que tienen
los principios marxistas (tendencia Groucho): “Tenemos unos principios… pero si no le gustan,
tenemos otros”. Lo que pone de manifiesto la falta de rigor aplicado al proceso administrativo de un
concurso de tan alta envergadura y de gran transcendencia para la ciudad.

DISTANCIAS Y VEHÍCULOS

Pero no sólo el arbolado merece un respeto; también el conjunto arquitectónico y sus jardines, que
gozan de la declaración de Bien de Interés Cultural. Y el emplazamiento elegido para el Atrio
(coincidente en parte con las actuales taquillas y accesos) se aproxima excesivamente a los muros
de la fortaleza. Se encuentra a escasos metros de la línea que define el ámbito protegido de BIC y
dentro de su entorno o zona de respeto, también delimitada, y en la que hay que ser especialmente
delicado con las transformaciones que se puedan producir.
En defensa del Atrio, se ha establecido una
comparación con el Museo de la Acrópolis y centro
de atención al visitante, pero no se informa que
éste se encuentra fuera del recinto sagrado y a
más de 300 metros de distancia.
Un ejemplo cercano, Medina Azahara (Córdoba), lo
tiene a más de un kilómetro de recorrido; Baelo
Claudia (Cádiz) a 200 metros ¿Resulta realmente
imprescindible que el centro de atención al
visitante de la Alhambra se encuentre a 50 metros
de distancia del conjunto monumental?
Entre las personas existen ciertas distancias psicológicas de respeto, en función de sus relaciones
y jerarquía (ejemplo de extraños en un ascensor); de manera similar, entre dos construcciones con
una diferencia de categoría tan abismal, deberían haberse tomado mayores distancias. Obsesión
inexplicable por la proximidad al monumento, que ha dejado en buen lugar a los desafortunados
pero modestos edificios de los Nuevos Museos de Prieto Moreno, a los que muchos nos opusimos
en su día, por encontrarse excesivamente cercanos al recinto monumental. ¿Podría considerarse
una ubicación del Atrio junto a aquéllos? Puesto que su volumetría ya ha sido asumida visualmente
en el conjunto, les podrían hacer el gran favor de ocultar sus poco agraciadas fachadas.
La coincidencia espacial del nuevo Atrio con la puerta de acceso actual y las taquillas, presenta
otro grave inconveniente ¿Han reparado, la organización o los proyectistas, en que para iniciar los
trabajos del Atrio hay que comenzar por el derribo de las construcciones actuales? Esto implica que
el conjunto nazarí debería pasar cinco largos años (o seguramente más) sin taquillas ni puertas de
acceso. Lo que obligará a la construcción de unos servicios similares, con carácter provisional,
incrementando inútilmente el presupuesto. Si no se hubiesen hecho coincidir los emplazamientos,
podrían seguir funcionando los accesos actuales hasta la puesta en servicio de los nuevos.
Otro tanto puede decirse de la presencia de vehículos privados y autobuses. ¿Es necesario que
accedan hasta las mismas puertas del Generalife? Más bien podría haberse aprovechado esta gran
oportunidad para limitar el acceso al entorno de la Alhambra, incluso suprimiendo los actuales
aparcamientos en bancales y recuperando estos terrenos (o una parte de ellos) para el uso y
disfrute peatonal.
En la mayoría de nuestras ciudades, se tiende a peatonalizar los entornos de catedrales y edificios
monumentales, retirando el tráfico rodado de sus proximidades. ¿Por qué en el monumento más
importante se fomenta que los vehículos privados y autobuses accedan hasta las mismas puertas
del Generalife y a escasos metros de la muralla? En la Acrópolis griega, un monumento con
muchas coincidencias con la Alhambra, no se aproximan los vehículos privados, ni los autobuses;
ni los aparcamientos se ubican a una distancia tan temeraria.
Con el proyecto de Atrio, los autobuses se introducen aún más en estos terrenos y se crea un
aparcamiento soterrado, obligando a los visitantes a desplazarse bajo tierra. ¿No sería más lógico
mantener los vehículos alejados y que el tránsito, desde la rotonda del cruce del cementerio hasta
el recinto amurallado, fuese de uso peatonal y disfrutando del entorno natural, como también
propone el Plan Director? Podrían disponerse sistemas ligeros de traslado, como pasillos rodantes
o soluciones similares, de bajísimo impacto visual, que proporcionan un alto rendimiento funcional y
una mejora considerable en el confort de los visitantes. Sin necesidad de grandes excavaciones ni
complejas obras de infraestructura.
No resulta comprensible que se programe una obra de tal envergadura y transcendencia, con un
elevado presupuesto, dando por buenas dos premisas fijas la ubicación
y los vehiculos que son las primeras que habría que poner en cuestión y resolver adecuadamente, con visión de futuro.

GESTIÓN DE ACCESOS

Otros factores, que también se dan por
válidos, como punto de partida, son el aforo y
el sistema de gestión y control de los accesos.
Fuentes del Patronato afirman que se
encuentran al límite del máximo aforo
admisible, con lo que se consigue ser el
monumento más visitado de España y estar
entre los 10 primeros del mundo.
Pero, aparte de las medallas que puedan lucir
políticos y gestores con este récord, cabe
preguntarse ¿realmente esto beneficia al
monumento y sus visitantes?
Rotundamente no. Quizás no se presente otra gran oportunidad, para abandonar ese absurdo
objetivo de “más que nadie” –como cualquier parque temático privado- y aliviar esa presión de
máximos sobre el monumento y sobre los aborregados y sufridos visitantes. Reduciendo
ligeramente la cuota de usuarios, se podrán conseguir grandes mejoras; tanto en el disfrute de la visita, como en las condiciones de conservación del conjunto.
A la hora de cuantificar los aforos y las esperas, en el sistema de control de accesos, se está
manteniendo un modelo que se basa en distribuir personas que llevan un papel en la mano.
Cuando ya se puede viajar, presentar documentos (¡hasta de hacienda!), comprar, vender, y un
sinfín de actividades, sin necesidad de soporte material; cuando se limita el uso del papel hasta en
las administraciones públicas, para entrar en la Alhambra, sin embargo, seguimos en la era
Gutenberg. Que una vez gestionadas telemáticamente las entradas, haya que pasar
obligatoriamente por taquilla para recoger el papelito, resulta absolutamente anacrónico, a estas
alturas del siglo XXI.
Incluso en la exposición sobre el Atrio, que es gratuita, se entrega a cada asistente un ticket de
papel, como mecanismo de control de visitantes. ¿No es suficiente con los apuntes de la amable
azafata, que nos recibe a la entrada, solicita los datos de procedencia y lleva la cuenta total de
visitantes diarios? Pues no; se ve que sobran árboles. Y los apuntes los realiza (¡cómo no!) en una
hoja de papel, en lugar de utilizar una “tablet" u otro dispositivo, que permita el volcado directo de
datos para su procesamiento; si es que se usan para algo.
En fin, se habla de la Alhambra del siglo XXI, de la proyección de futuro, de la sociedad de la
información, de las redes sociales, de las nuevas tecnologías… pero para estos asuntillos, nos
encontramos aún en la burocracia del siglo XIX. Sería muy conveniente repensar la gestión de los
accesos, aprovechando para perfeccionar el modelo y adaptarlo a las nuevas tecnologías; lo que
daría como resultado un cuadro de necesidades diferente del que ha sido utilizado para
dimensionar las previsiones del proyecto.

DIGNIDAD E INTEMPERIE

“La Alhambra necesita una puerta digna (o un
acceso digno)”. Esta frase sin argumentación es la
que más se repite entre los defensores del
proyecto. ¿No les parece suficientemente digno el
recorrido de Plaza Nueva a la Puerta del Vino?... el
paso bajo la Puerta de las Granadas; el recorrido
por la Cuesta de Gomérez y el bosque de la
Alhambra; el paso por el Pilar de Carlos V; la
Puerta de la Justicia; la Puerta del Vino… La frase
constituye una falacia, puesto que la Alhambra ya
tiene un acceso natural, cuya dignidad y calidad
son inigualables.
Es el acceso tradicional, que va produciendo diversas sensaciones en el visitante, a partir de su
paso por el Arco de las Granadas, que refuerza la idea de penetrar en el recinto nazarí. El ascenso
pausado (obligado por la pendiente) que permite un mayor disfrute de los sentidos: la luz y la
penumbra, el rumor del agua y las hojas, el trino de las aves, los aromas de las plantas, la
humedad del bosque, la paz contagiosa de su silencio. Circunstancias que van introduciendo al
paseante en el mundo que está a punto de disfrutar.
El cruce en zig-zag y entre tinieblas de la Puerta de la Justicia, le anticipa que su meta ya está
próxima. Y –por fin- su llegada a los palacios, desde un punto de vista más bajo, con la imagen
imponente de las torres, las murallas y el contundente almohadillado de las fachadas del Palacio
del Emperador. No hay proyecto de Atrio, que sea capaz de superar la dignidad de esta secuencia.
Otra cosa es que, desde que fueron trasladadas las taquillas a la parte posterior de la fortaleza,
este acceso haya sido marginado, otorgando la prioridad al acceso masivo de autobuses;
penalizando así a quienes prefieren seguir utilizando el recorrido tradicional, que somos los
residentes en la ciudad y los forasteros que pasan en ella alguna noche. En efecto, una vez llegado
a la Plaza de los Algibes, el paseante se ve obligado a salir de nuevo de las murallas, continuar
hasta las nuevas taquillas para recoger sus entradas de papel y regresar a su punto de partida, junto a la Puerta del Vino, para dar comienzo a su visita. Con esta absurda interrupción, se pierde
el estado anímico que se había conseguido mediante el ascenso por la ruta tradicional.
En combinación con las medidas de gestión de los accesos antes señaladas, ¿cabría plantear un
acceso no-centralizado, con objeto de no cargar al visitante peatonal con los inconvenientes que
deben sufrir los que acceden en vehículos?. Y quizás también podrían estudiarse medidas de
fomento para la utilización preferente del acceso natural del monumento, de manera que estas
personas que vienen de fuera de Granada, no se viesen privadas del itinerario que acabamos de
describir, y que forma parte indisoluble de la experiencia de vivir la Alhambra.
La segunda frase más repetida, como justificación de la idoneidad de este proyecto, es que “Se
necesita una estructura que proteja a los visitantes, mientras esperan para sacar sus entradas”. En
mi vida escuché una explicación más peregrina. ¿Qué pasa una vez que tienen las entradas?, su
traslado hasta las puertas del Carlos V, o mientras esperan junto al Patio de Machuca, o cuando
atraviesan los sucesivos parterres y espacios abiertos; y la llegada hasta el Generalife y el paseo
por sus jardines. ¿Se tendría que cubrir todo el recorrido? La mayor parte del itinerario (mucho más
tiempo que el de espera) se realiza a descubierto, porque la Alhambra es un monumento al aire
libre y está sujeto a las variaciones de la climatología.
Como referencia de refuerzo de estas afirmaciones, suele utilizarse (una vez más) el ejemplo de la
Acrópolis, pero citando sólo el titular de la información: “en Atenas se ha construido un nuevo
acceso a la Acrópolis”. No es falso, pero dicho sólo así, resulta muy tendencioso. Conozco bien el
caso porque presenté un proyecto al “Concurso internacional para el Nuevo Museo de la Acrópolis”
(1989). Han leído bien, el nuevo museo, ya que el antiguo (en aquella época aún existente) era una
pequeña construcción prismática, ubicada muy próxima al Partenón; pero ni su capacidad, ni sus
condiciones, ni su emplazamiento eran los adecuados.
El objetivo prioritario del concurso consistía en retirar aquella construcción del recinto sagrado y
realizar un museo en condiciones de albergar todos los hallazgos. Reservando incluso una sala
para recibir los Mármoles de Elgin, cuando pudiesen ser rescatados del Museo Británico, donde se
encuentran desde 1939, tras haber sido expoliados por el Lord inglés entre 1801 y 1805. Para la
ubicación del Museo de la Acrópolis fue elegida una manzana en el barrio contiguo, separada por la
avenida Dionisio Areopagita y a una distancia prudencial del perímetro de la Acrópolis.
Como es bien conocido, también la Acrópolis es un monumento al aire libre y sus visitantes están
sometidos a las inclemencias del tiempo, con lo que se mojan o les da el sol, en su trayecto entre el
centro de visitantes y el recinto monumental; y a lo largo de toda la visita. Es más, a pesar de todas
estas innovaciones, se siguen produciendo colas para entrar, de hasta más de una hora, en los
meses punta de afluencia de turismo. Es algo que resulta inevitable, como sucede en otros tipos de
aglomeraciones como son los estrenos de cine, los partidos de fútbol o los conciertos de los Rolling
Stones. Si seguimos el ejemplo heleno, esta oportunidad debería servir para eliminar añadidos
impropios al recinto nazarí, en lugar de incrementar su volumen en el mismo lugar donde hoy se
encuentran las taquillas.

IMPACTO / COMPACTO

Otro concepto arrojadizo empleado en la polémica,
es el impacto. En muchas actuaciones urbanísticas y
en determinadas figuras de planeamiento se exige
un Estudio de Impacto Ambiental, que en este caso
se desconoce si ha sido realizado. Tampoco se ha
hablado de estudios previos del subsuelo, tanto en
sus aspectos geológicos como en los arqueológicos,
que serían imprescindibles para conocer la viabilidad
material de los múltiples soterramientos que el proyecto propone.
¿Produce impacto la construcción del Atrio en su entorno monumental?. Los defensores otorgan un
no rotundo y los detractores un sí tajante. Aunque argumentos no se aportan. Pero existen algunos
indicadores que pueden ayudar a establecer una valoración, aunque no sean métodos exactos.
En primer lugar, es necesario valorar la destrucción que es preciso realizar para llevar a cabo las
obras, que además precisan de excavaciones de gran envergadura. A falta de los datos del
subsuelo mencionados, ya hemos apuntado en el inicio de este texto la destrucción de un
patrimonio vegetal que está protegido por el Plan Director, junto con una importante alteración de la
topografía natural. En segundo lugar hay una cuestión de proximidad, que también ha sido
analizada. Y finalmente el tamaño, respecto del conjunto (ver imagen de la página anterior).
En algunos planos del Atrio se utilizan recursos gráficos para desdibujar los perímetros, mediante
líneas de trazo fino o colores tenues. Pero si se grafía sobre el plano la totalidad de la superficie
ocupada por las construcciones, puede comprobarse que su huella supera con creces la del
Palacio de Carlos V, que es el cuerpo de mayor entidad del conjunto alhambreño.
Por lo que la conclusión más acertada es que sí que se produciría un alto impacto sobre la
situación actual. Y el propio proyecto reconoce esta realidad indiscutible. ¿Por qué se esconde
parte de la edificación bajo rasante? para reducir el volumen emergente. ¿La fragmentación en
terrazas? para semejarse a las construcciones históricas. ¿La profusión vegetal? para ocultar los
muros desnudos. ¿El color de camuflaje? para pasar desapercibida en el entorno. Son recursos y
artilugios que tratan de minimizar la presencia de la obra, mediante un burdo escamoteo
camaleónico.

Pero… ¿se han tenido en cuenta las recomendaciones de las “Cartas del Restauro” (Atenas 1931,
Venecia 1964 y siguientes), que son la doctrina común occidental en el ámbito del patrimonio
cultural y arquitectónico? Éstas aconsejan que las nuevas construcciones sean fácilmente
reconocibles frente a las auténticamente históricas y deberán evitarse las intervenciones miméticas
que induzcan a confusión sobre la autenticidad de las obras.
En este sentido, resultan mucho más honestas y rotundas las propuestas de los dos equipos
sevillanos presentadas al concurso (Guillermo V. Consuegra y Cruz+Ortiz) que apostaron, sin
ambages ni complejos, por las señas de identidad contemporánea que corresponden a la época de
su construcción, en lugar de optar por la vía fácil del eclecticismo mimético.
Desgraciadamente no se ha escuchado
comentario alguno sobre la calidad arquitectónica
del proyecto en sí, más allá de las muestras de
adhesión inquebrantable a toda la obra de Siza. Al
recorrer la exposición y escuchar los juicios de
algunos visitantes, me ha venido a la memoria la
frase de uno de los más grandes historiadores y
críticos de arte del siglo XX: Giulio Carlo Argan,
profesor de la Universidad de Roma, ciudad de la
que fue alcalde en los años 70. Decía que los
arquitectos hacen demasiadas cajas de zapatos. Y
esa es la pobre impresión que transmite la
maqueta de la Puerta Nueva.

La cafetería proyectada semeja una cajita de zapatos sobre una explanada, como un chalet ufano
en su parcela. Está situada en la abertura de un patio encarado al paisaje, al que está
obstaculizando las vistas. También se ha dicho (en defensa de las dotaciones comerciales del
proyecto) que no hay en la Alhambra un sitio para tomar un café mientras se espera. Siempre que
he subido, acompañando a los amigos que visitan la ciudad, hemos tomado un pequeño descanso
en la cafetería del Parador de san Francisco y jamás hemos tenido el menor problema para
encontrar acomodo, ni en el interior, ni en su espléndida terraza; cuyas magníficas vistas son imposibles desde la terraza del nuevo Atrio. ¿Existe realmente tanta demanda?
Otras cajas rectangulares forman el conjunto semienterrado, dejando unas aberturas como patios,
con tamaño y proporciones casi coincidentes con las del Patio de los Leones, suplantando una vez
más las proporciones y los recursos de la arquitectura nazarí. Si los visitantes van a recorrer los
patios auténticos de la Alhambra, ¿para qué se necesitan estas copias desnaturalizadas?
Una última reflexión sobre el concepto “puerta” que forma parte del título del proyecto: “Puerta
Nueva”. El acceso al Atrio se realiza desde la parte superior, recayente a la orientación del
cementerio. Pues bien, lo que el visitante encuentra al aproximarse es un muro ciego, desnudo y
apenas sin huecos, que obliga a rodear un edificio compacto, para ingresar por la parte posterior y
volver a salir por el mismo sitio, haciendo un bucle.

REPRESENTACIÓN INFOGRÁFICA EN LA WEB DEL PROYECTO “PUERTA NUEVA”

¿Dónde está la Puerta Nueva? No existe un recorrido que atraviese la supuesta puerta, con esa
sensación de penetrar en el recinto, como se produce en el Arco de las Granadas, o en la Puerta
de la Justicia (comentadas al principio), o en los Propileos de la Acrópolis o en la plaza de San
Pedro de Roma. Lo que evidencia el ensimismamiento del proyecto y la falta de coherencia
semántica del diseño.

PRESUPUESTO MULTIPLICADO

Las Bases del concurso obligaban a la presentación de un presupuesto completo, incluyendo hasta
el mobiliario y el equipamiento. En el momento de la adjudicación del concurso, el diario El País
(24-2-2011) informaba de un presupuesto de 11 millones de euros. Si, entre esa fecha y la
actualidad, se entiende que no se han introducido modificaciones en el proyecto, ¿cómo se han
convertido ahora en 45 millones de euros?
Para justificar el elevado presupuesto del Atrio, se ha esgrimido la comparación de su costo con el
del Museo de Atenas. Los 129 millones de euros que se emplearon en la construcción del museo
griego, corresponden a una construcción de casi 15.000 m2, (triple que el Atrio) con instalaciones
museográficas mucho más complejas que las de un simple centro de acogida, incluyendo además
el tratamiento especial de los hallazgos arqueológicos encontrados en las excavaciones.
En esa cantidad también están comprendidas las expropiaciones de viviendas que hubo que
realizar, para conseguir la propiedad de la manzana completa, gasto que en el Atrio no se produce.
Por último, el proyecto supone enterrar centenares de metros cúbicos de hormigón, ejecutados con
dinero público, en una época en que muchas familias son expulsadas de sus casas de ladrillo. ¿Se
considera que es la mejor oportunidad para acometer este proyecto? ¿No podría aguardarse un
periodo prudencial para su ejecución, aprovechando ese plazo para subsanar todas las deficiencias
y centrar los objetivos del proyecto? Si se han esperado varios años ¿por qué ahora esta urgencia?

EXPOSICIÓN Y OPINIÓN

Si se me permite una modesta recomendación: no se dejen influenciar por el victimismo municipal
(“¡dame argo!, dos euros p’al Albaicín”), ni se dejen apabullar por las descalificaciones (catetos,
incultos, ignorantes, retrógrados) que la progresía ilustrada dispensa a quienes no opinan igual que
su selecto grupo. Tampoco se dejen llevar emocionalmente por los comentarios que han leído en
estas páginas.
Visiten la exposición del palacio de Carlos V; contemplen los dibujos y los planos con sus propios
ojos y hagan un pequeño esfuerzo por comprenderlos. Recorran las maquetas con su imaginación,
intentando evocar las sensaciones que experimentarían en la realidad construida. Escuchen (¡con
paciencia!) los elogiosos discursos de los plasmas. Relájense con la lectura de los poéticos textos
que adornan las paredes y con los del folleto que les entregarán a su llegada.
No dejen de recorrer el lugar elegido para la implantación del Atrio, con sus árboles y sus taquillas
actuales. Visualicen mentalmente el resultado y extraigan sus propias conclusiones. No consientan
que los tomen por idiotas.

“Dale limosna mujer / que no hay en la vida nada / como la pena de ser / ciego en Granada”

Granada, Marzo de 2015


Titulado en 1975 por la Escuela de Arquitectura de Valencia. Ejercicio profesional en Andalucía, Madrid, Barcelona y la Comunidad Valenciana, principalmente en Granada y Valencia.

RESTAURACIÓN ARQUITECTÓNICA

Mercado de Colón (Valencia, 1998), monumento nacional, Medalla de Oro “Europa Nostra” 2003
Palacio Episcopal de Orihuela (Alicante, 1990), monumento nacional (sXIII – sXVI – sXIX)
Palacio de la Exposición de 1909 (Valencia, 2003), monumento local (mediante concurso)

Múltiples intervenciones de rehabilitación residencial, en edificios históricos del el sector privado, para su reutilización como viviendas, hoteles y oficinas.

URBANISMO PATRIMONIAL

Concurso “Barrio de San Matías” (Granada, 1976) tercer premio
Concurso “Ordenación de la Plaza de la Romanilla” (Granada, 1980), primer premio
Programa de peatonalización centro histórico de Valencia. Ayuntamiento de Valencia (1984)
Concurso “Reurbanización de la Plaza del Ayuntamiento” (Valencia, 1998) segundo premio

INVESTIGACIÓN Y DOCENCIA

Ha participado como experto local asociado (2005-2008) en el Proyecto Europeo Restauronet, sobre calidad residencial en los centros históricos; así como en el Programa VALUO de la Comunidad Europea, sobre políticas de intervención en centros degradados.

Autor y director del curso “Restauración Básica”, que imparte en diversos Colegios de Arquitectos y Arquitectos Técnicos desde 2004.

Conferencias sobre sus trabajos profesionales en diversas instituciones, como el “Master de Conservación del Patrimonio Arquitectónico” de la Universidad Politécnica de Valencia, Colegios de Arquitectos y otras entidades y asociaciones.

PUBLICACIONES

“El Palacio de la Exposición” (Valencia, 2003)
“El Palacio Leproso” (Orihuela, 2005)
“Restauración básica” (Granada 2010) manual del curso del mismo nombre

Publicaciones colectivas como “Las Arquitecturas de Semblantes de la Vida”, “Patrimonio Monumental”, “Praxis Edilicia: 10 años con el Patrimonio”, ”Restauronet: Calidad de la Residencia”, o la publicación del programa europeo “VALUO”; también ha colaborado con artículos en prensa y en revistas profesionales.

OTROS

Arquitecto municipal del Ayuntamiento de Valencia (1984-1991) (excedencia voluntaria)
Inspector de Patrimonio de la Consejería de Cultura, para la ciudad de Valencia (1992-94)

Colaboración en diversas actividades culturales del Colegio de Arquitectos de Andalucía Oriental y de su Delegación de Granada (1975-1984) y como Director de ICARO (actividades culturales) del Colegio de Arquitectos de Valencia (1997-1999)

Es miembro fundador de “Edilicia”, agrupación de arquitectos para la defensa del patrimonio.

jueves, abril 20, 2017


LA CASA DEL CARNERO

Erase que se era, lector amable, y va de cuento, una noche más oscura que clara, del mes de Noviembre del año de 1742.
Granada, como todas las ciudades de España por aquellos tiempos, tenía la costumbre de que sus moradores se recogiesen temprano, pues no existían, no sé si por desgracia ó por fortuna, casinos y teatros, y reuniones que acabasen con la madrugada. Se encontraban, como desde los primeros tiempos, casas de pecado, mancebías y garitos, que el mundo siempre fué mundo, y la especie humana frágil y maleante. Pero se evitaba el escándalo, las rondas y los alguaciles no sosegaban en su persecución, é ibamos viviendo, salvo alguno que otro garrotazo al re volver de una esquina, ó el nada apacible grito de “muerto soy” que resonaba en algún oscuro paraje; á el que siempre sucedía el no menos terrorífico de “favor á la justicia.”
Por eso, chocaba al vecindario que se oyese ruido en cualquiera vivienda después del toque de ánimas, y que el resplandor de una luz franquease las rendijas de las ventanas.
Y no era el reflejo de una luz, sino el de muchas más, el que se notaba salir de la gran reja de un antiguo edificio situado en la callejuela sombría que desemboca en la placeta de la Concepción. De vez en cuando reprimidos sollozos se escuchaban, y ese rumor que se produce por distintas conversaciones en voz baja.
Tratábase de un velatorio. Había fallecido el dueño de la casa, desgraciadamente sin confesión, motivado por un repentino accidente, y esto era el tema obligado de los diálogos, y sobre todo el de la filípica que el padre lector del cercano convento de la Victoria, enderezada á los oyentes, con su añadidura de diablos en perspectiva, y de necesidad de un fuerte exorcismo para que los malos desalojasen la habitación y el cuerpo del difunto.
Así es, que el miedo se había apoderado de los ánimos, especialmente de las mujeres, que ya se figuraban ir en andas con Lucifer, aunque algunas por tal de acompañarse con varón, dieran por bien empleado el sucedido.
-Consuélese usted, señora Marta, decía otra viuda añeja, á la de pocas horas antes. Nuestras oraciones lograrán el eterno descanso del alma de D. Restituto.
-Nunca se me quitará la pena de no haber visto entrar por estos humildes umbrales al Santo Viático para mi esposo. Cuánto me aflije Su Divina Majestad.
-Nuestros pecados, nuestros delitos, añadía el fraile, con voz extentórea. Ya se lo dije en distintas ocasiones á su cónyuge. Es necesario tener muy limpia la conciencia, porque la muerte llega sin avisar, y su cuello corto, y constitución apoplética daban seguro indicio. Pero ya impetraremos el perdón del Ser Supremo, con trescientas misas que se aplicarán por el eterno descanso de su alma.
-Las que fueren necesarias, P. Francisco, aunque tenga que vender los zarcillos de lazo que me regaló cuando la boda.
-Como sabe que el platero es su compadre y se los devolverá enseguida, por eso viene tan mística la de los lutos, murmuró la mujer de un alférez de los tercios al oído de otra militara, que se sonrió al escucharla.
-Pues si se murió por tener el cuello grueso, lo que es el buen Padre, no llega ni al amanecer, dijo una descarada mozuela por lo bajo á otra jóven muy linda que aparentaba llorar tapándose con el abanico.
-Si la mandadera dice que la causa de su enfermedad, fué beberse de un solo trago una botella de aguardiente de guindas que parecía una tinaja. ¡El pescuezo qué tiene que ver en estos entrecijos!. Pues á morrillo y á gordinflón, pocos habrá que le ganen al presente.
-Julianita, decía un caballerito como un espárrago á otra damisela sentada á su lado, deja caer el pañuelo y al recogerlo alargaré una carta.
-Jesús, no me atrevo, qué mamá está con cien ojos. Pero antes de la última palabra ya estaba el lienzo en el esterado.
-Niña, vente aquí orilla, le dijo la mamá que se había apercibido de la maniobra.
-Á buena hora mangas verdes, añadió para si, el abogado D. Lucas, que era muy visita de la casa.
Juliana se puso en pié para obedecer la órden, pero tuvo la desgracia de tropezar con las piernas de una señora que se había quedado dormida, cuyos ronquidos achacaban á sollozos, y rodó cuan larga era por los suelos.
La carcajada fué universal. En los duelos, mientras más serios y cariacontecidos están los concurrentes, el menor detalle basta para dar suelta á la hilaridad que estaba contenida.
Por fin, se restableció la calma, no sin que durasen un buen cuarto de hora los comentarios, amén de un par de pellizcos que la autora de sus días, propinó á la desgraciada.
El fraile levantó el campo rezando unas oraciones, cuando el chisporrotear de la cera en la vecina habitación avisó de que necesitaban despavilarse las velas.
Era costumbre antigua en los pésames recogerse en la sala principal, dejando al muerto en otra habitación cercana, con cuatro ú ocho luces, sin más compañía que el criado ó muchacho encargado de atizarlas. Este, que era un zagalón medio simple, se había dormido, y cuando le despertaron se levantó tan soliviantado que echó á rodar los candeleros, dando el más espantoso grito. Ni un rayo que hubiese caído en la tertulia, produjera más confusión ni mayor espanto. Ninguno encontraba la puerta para huir, en la creencia de que el difunto resucitaba, ó se lo llevaban los enemigos; todo eran gritos y ahora verdaderos sollozos, distinguiéndose la viuda que agarrrada del platero, tiritaba como un calenturiento. El fraile se había refugiado en la despensa, los novios en el comedor, y las militaras en la alcoba.
Por fin se restableció el órden después de nuevas carreras, fueron asomándose de puntillas á los umbrales del cuarto mortuorio, y así que se convencieron de que no daba acuerdo de su persona, se retiraron, no sin haberse sorbido antes sendas tazas de tila y de calaguala, que fueron de chocolate para el padre lector y el sexo barbudo, por aquello de que los duelos con pan son menos, cuando ya el lucero que avisa la hora de las migas á los pastores, asomaba en el firmamento, y causando algún escándalo en las rondas de pan y huevo, encontrar tan caracterizadas personas en las calles.

II.

Transcurrió una Noche-buena después de los sucesos referidos, y la Sra. Marta pasó á segundas nupcias con el artífice, yéndose á vivir á una tienda en la Alcaicería. ¿Qué motivara el repentino cambio de domicilio? Pues tuvo muy fácil explicación. El público, desde la noche del velatorio miraba con prevención aquella morada, en la creencia de que el espíritu del difunto andaba trasteando por los rincones. Aumentaban las habladurías las sirvientas, regañábales la dueña que se burlaba de semejantes preocupaciones, y que no temiendo en vida al esposo, era lógico no asustarse de él cuando muerto.
Pero una tarde, á las tres semanas de contraido el segundo matrimonio, á Marta le ocurrió entretenerse en regar las macetas colocadas en el patio. Bajó diligente, y de la carbonera entreabierta vió salir un precioso borrego con los cuernos de oro. Apenas daba crédito á sus ojos ante la presencia del animalillo, que después de ponérsele delante como interceptándole el camino, tomó carrera y le arrimó tan fuerte topetada en las nalgas que cayó á lo largo en los escalones. Desde aquel punto y hora no sosegó la viuda en cambiar de domicilio, pues aunque el platero hizo minucioso registro en todos los ángulos, no halló ni señales del lanudo duende, sino un cardenal, y no romano, en las carnes de su nueva cónyuge.
De público se atribuyó el suceso á venganza marital, afirmando muchas hembras, que el espectáculo de un esposo convertido en carnero no era ninguna obra nueva, ni materia para medidas tan radicales.
Sola se quedó la casa, hasta que adoptaron la receta de dedicarla para albergue de vecinos. Alquilaron hasta los últimos rincones; pero siempre en el aniversario ocurría que tenía los ánimos en espectación, y creciendo de pública voz y fama la pésima reputación del edificio.
Hace bastantes años, que un maestro barbero y sangrador, como se titulaba, de nombre Aguilar, habitaba en ella. No era el buen rapista de los asustadizos ni dengosos, antes bien, lo mismo asistía á ver una ejecución de seis ó siete malhechores, que á llevar un cirio en las procesiones de la parroquia. Aunque algunas veces me burlaba más de lo justo de su frac de color indefinible, y de su peluca de desiguales tintas, pues era el sujeto petimetre en el vestir, y amante de las hijas de Eva, no por eso dejábamos de compartir amigablemente, y escuchar yo con paciencia sus largas disertaciones sobre la valía de los tiempos antiguos, y de las excelencias de la Inquisición que quemaba, y del real Acuerdo, que mandaba engarrotar por docenas todos los domingos. Sabía mi afición á las leyendas, y á los cuentos maravillosos que acaecieran en lo que antes formaba la ciudad antigua, ó sea el Albaicín y sus comarcanos, y una mañana que nos encontramos solos, preguntándole sobre la certeza de los espantos que se achacaban á su vivienda, me dijo:
-Yo por mi parte soy como Santo Tomás, ver y creer; porque los ruidos que escucho á media noche tanto pueden ser de espíritus foletos, como de ratas hambrientas ó de gatos enamorados. Pero lo que sí puedo decirle es la relación siguiente, en que fue protagonista Claudia Jiménez, prima segunda de mi primera esposa.
“Era mi parienta mujer de un rastillador de cáñamo, tan enemigo de trabajar como de beberse un azumbre de vino de las caserías. Afirmaba que el no doblar la raspa consistía en que le dañaba el pecho el polvillo que levantaba la hilaza; y para cuyo remedio el sorbo era el único y exclusivo antídoto. Así es, que andaba la procesión de las ánimas por los estómagos, y la correa de sujetarse las pretinas, por todo el cuerpo de la desgraciada Claudia, cada vez que esta hablaba de su necesidad de jornales y del mantenimiento de la prole. Dios la había criado tan fecunda que diera á luz ocho hijos, con su correspondiente apéndice de gemelos. En una ocasión en que los golpes superaron al hambre, que es cuanto hay que decir, la mujer se hartó, y como era chata, y á las de poca nariz dicen que las tienta siete veces al día el diablo, sin duda se encomendará á la majestad caida, para salir de la triste situación en que se encontraba. No lo escuché nunca de sus labios, pero como se alborotó el cotarro con lo que allí acontecía, claro es, que Satanás tuvo que ser el principal actor de la comedia.
Si hay miedo es porque existe un tesoro, se dijo la mujer; pues en hallarlo consiste mi salvación. Desde entonces, á horas desusadas y aprovechando noches tormentosas y días de interminable lluvia, bajaba en la soledad al lavadero, que era una pieza lóbrega, oscura y triste y en más apartado rincón del edificio. Si en él llamo, como vulgarmente se dice, “al diablo con dos tejas” no pobré [sic] afirmarlo ni contradecirlo; material había de un colgadizo que se hundiera, y ella capaz de cualquier desaguisado con tal de satisfacer el apetito y cubrir la desnudez de sus vástagos.
Lo que contaba, era que en una ocasión que una fuerte tormenta descargaba por la Ciudad, por la parte del río Darro, al brillar un terrible relámpago, escuchó unos gritos indefinibles dentro de la pared donde estaban los cauchiles. Gozosa por esperar el desenlace del misterio, puso atento el oído, y hasta tres veces escuchó los mismos sones, el último más lejano y apagado. Iba á perder la esperanza, cuando notó en el suelo una cosa que se movía. Fijó la vista, y era un ovillo de hilo que rodaba vertiginosamente, sin descubrirse quién le daba tan fuerte impulso. Ánimosa ante un objeto tan poco temible, quiso sujetar la hebra, pero siempre se le iba de las manos. Por fin pudo coger el cabo, y desliándose la condujo á un oscuro sótano lindando á una destartalada cochera, donde de pronto brilló una luz, y á sus reflejos pudo descubrir el pacífico rumiante de los dorados cuernos, que lanzó un triste berrido, hundiéndose en el piso como por escotillón, sin que quedaran después señales visibles de ninguna clase de agujero.
Réfiere que ya asustada se encerró en su cuarto, y que siempre que bajaba al pilón, una luz se encendía sola, recorría las cuatro esquinas del lavadero y después se apagaba instantaneamente.
Lo cierto es, añadió Aguilar, que la parienta se mudó á poco, y algo más que la iluminación encontraría, porque los percales cubrieron sus miembros, y los de la prole, y hubo hasta capa de paño de Ohanes, para el consorte, amén de traje interior completo, como si lo hubiese equipado el arzobispo.”

III.

Tal es la tradición de la Casa del Carnero, en la callejuela así denominada. Si no os contentais con mi dicho y sois curiosos, subid una noche oscura el tercio empedrado de la cuesta de Santa Inés, torced á mano derecha, entrando en el sombrío trayecto. Al llegar á su comedio, descubrireis una gran puerta cochera ruinosa y desvencijada, que se abre á una plazoleta, á la que dá el tragaluz del edificio mencionado.
Si vuestro valor os lo permite, deteneos un poco apoyados contra las elevadas paredes del convento, y tal vez, como á mi ha sucedido, escucheis un lamentable grito, luego aparecerse un fuego fátuo, una lucecilla fosfórica que se enciende, que se apaga, que vuelve á iluminar, y que últimamente desaparece. Después, si las piernas siguen firmes, estiradlas en busca del átrio de la Concepción, donde yo me refugié para convencerme de si era sueño o realidad lo que me ocurría.
En cuanto al Carnero, no lo conozco, gracias al Señor; pero si medito que en todas épocas y circunstancias, la transformación de los maridos hasta en las leyendas, se hace desgraciadamente en animales de cuatro orejas.

Afán de Ribera, Antonio J. Tradiciones, leyendas y cuentos granadinos, Madrid: Tip. De los huérfanos, 1885

Cartela en la Puerta de las Pesas: “Esta plaza, y el matadero y carnicería y lavadero de este Albaicín se ha hecho de hacienda de Su Majestad, por orden de los señores de su Consejo, siendo uno de ellos el corregidor de ésta y general, el muy ilustre señor Arévalo de Suazo, comendador de Santiago, y el muy ilustre señor Tello González de Aguilar. Año de 1576'. Y quién era D. Francisco Arévalo de Suazo?? Del libro: "CURIOSIDADES HISTÓRICAS GRANADINAS" 1574.—Don Francisco Arévalo de Suaz o - Caballero Comendador de la Orden de Santiago.-Corregidor que fué de Málaga hasta el año de 1569, desde donde prestó buenos servicios a la Nación, cuando el levantamiento de los moriscos de las Alpujarras (según depusieron los mejores cronistas de aquella guerra). En el año 1574, desempeñaba el oficio de Corregidor de Granada, según se ve por la firma de un «Auto proveído por el señor Corregidor, sobre que los nombramientos de oficios no se puedan votar en Cabildo». (Documento conservado en el Legajo 930 del Archivo municipal). En 18 de Junio de 1575, aparece presidiendo un Cabildo, en el cual se dio acatamiento a una Real Provisión de S. M.; hay testimonio del mencionado Cabildo, inserto al pie de la aludida R. Provisión, en el folio 200 vuelto, del libro 3.° de Reales Cédulas, Provisiones, Privilegios, etc., de Ayuntamiento de Granada. En el legajo 930, del Archivo municipal de Granada, hay copia de una Real Cédula, que en 6 de Julio de 1576 dio S. M., para que Don Pedro Deza, Presidente de la Chancillería, recibiese el juramento al señor Arévalo de Suazo, Corregidor que había sido de Málaga, a quien tenía conferido el Corregimiento de Granada, el cual prestaría el juramento cuando se lo permitiesen las misiones que S. M. le tenía encomendadas.—El 25 de Agosto juró dicho señor. En la «Puerta Nueva», o Arco, denominado de las Pesas, sito en el Barrio del Albayzín, aparece fijada en la pared que mira a la Plaza Larga, una lápida de mármol, que dice: «Esta plaza y este matadero y carnicería y lavadero de este Albayzín, se hizo de la licencia de Su Majestad, y de orden de los ilustrisimos señores de su concejo, siendo Corregidor uno de ellos de esta ciudad y general de la costa el muy ilustre señor Arévalo de Suazo, Comendador de Santiago, y el muy ilustre señor Tello González de Águilar: Año 1576». Arévalo de Suazo, seguía siendo Corregidor de Granada en 10 de Diciembre de 1585; en Cabildo del mencionado día, acató una «Real Cédula de Su Majestad, dada en Zaragoza a 24 de Marzo de 1585, sobre cobranza de la limosma de la Bula de Cruzada>. (Archivo del Ayuntamiento de Granada, legajo 1173). El mencionado Corregidor debió morir a poco de cesar en el cargo, el año 1587, dejando a su muerte nebulosidades en las cuentas de administración; deduciéndose así de las severas, y terminantes órdenes dadas por S. M. en la Real Cédula por la cual nombró al 2° de los Corregidores que le sucedieron, disponiendo procediese contra los herederos, albaceas y oficiales del difunto Arévalo de Suazo ¡Los caballeros de este apellido fueron funestos para Granada, según podrá observar, (sesenta y un años después), el que estos datos leyese! En 1586, era Alcalde mayor el Licenciado Miranda. Que maravilla como está la Puerta de las Pesas, me encantan las #pintadas, #basura y los #hippies que se "colocan" bien colocaicos a hacer como si tocarán la guitarra, el saxo o lo que se les ocurra además de pedir limosna, se ha convertido en un problema de higiene y social bastante importante en un espacio #BIC y #PatrimoniodelaHumanidad, las cámaras y una vigilancia por el barrio más emblemático de nuestra ciudad es imprescindible ya!! 



sábado, noviembre 07, 2015

TORRE DE LOS SIETE SUELOS. LEYENDA DE LOS SIETE SUELOS O LEYENDA DEL LEGADO DEL MORO. Pedro Gil era un joven sin mucho dinero que trabajaba de aguador y era conocido como Perejil. Un día normal y corriente mientras trabajaba (sin ganar mucho) se encontró a un muchacho y le dijo: - Me siento desfallecido y enfermo ayúdame a regresar a la ciudad y te daré el doble del dinero que vayas a ganar hoy vendiendo agua-. y Perejil dijo que le ayudaría sin recibir nada a cambio. Cuando llegaron el muchacho dijo que le dejasen dormir ahí y le pagaría, y Perejil dijo vale pero su mujer no estaba de acuerdo porque se podría morir y que harían ellos con un cadáver en su casa, poco después el muchacho se murió pero le dio una cajita, era de noche a si que Perejil salió a enterrarlo pero, el barbero le vio y fue a decirle al alcalde que lo había asesinado para robarle. El alcalde fue a preguntar qué le había quitado y Perejil dijo que sólo le dieron una cajita en la que había un pergamino, y el alcalde se volvió a casa. Perejil fue a preguntarle a su amigo Hamed que ponía en el pergamino y Hamed dijo que era el mapa del tesoro de los siete suelos y que se podían hacer ricos. Perejil al volver a casa por la noche le dijo a su familia, que no tenía nada de dinero, que no se preocupasen que desde ese día serian ricos. Cuando Perejil le dio un montón de monedas de oro y de joyas a su mujer el barbero le vio y fue a decírselo al alcalde y el alcalde fue corriendo a hablar con Perejil para decirle que le esperaba la horca pero, Perejil le explicó todo al alcalde y el alcalde quiso ir a por el tesoro así que, esa misma noche fueron a por él. Cuando entraron paso ya mucho tiempo y Hamed y Perejil querían salir porque les podrían pillar, pero el Alcalde no quiso salir. Hamed y Perejil insistieron pero el Alcalde era muy avaricioso y quería todo el dinero para él. Hamed y Perejil salieron y dejaron encerrado al alcalde. Perejil le pregunto a Haamed que hacía y Hamed contesto: - Eso es lo que ponía en el pergamino, que permanecerían encerrados hasta que alguien consiga encontrar el tesoro.